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LA CERTIDUMBRE 25-1-2009
No nos
llamemos a engaño sobre cuáles son las obligaciones
que se le exigen a cualquier entrenador. Permanentemente cuestionados
lo único que les vale es ganar. Jugar bien se valora pero no
les inmuniza. Así que la supervivencia se prolonga en función
del tiempo que aguanten sin perder. La confianza no va más
allá del resultado del próximo domingo. Esto provoca
que ni los clubes piensen en ellos a largo plazo, ni ellos en los
clubes cuando se trata de estructurar un equipo para un poco más
lejos que mañana. Completar el año de contrato se ha
convertido en una misión casi imposible. Así que pensar
en el futuro es de ingenuos y soñadores, como es mi caso. Desde
esta perspectiva se puede justificar cualquier planteamiento futbolístico
con tal de que no te corten la cabeza. Más, si es en lo que
crees y con ello alcanzas buenos resultados. Pero esta disyuntiva
suele entrar en conflicto con el equilibrio futuro del club, que tendrá
que continuar con su historia durante muchos años y, a ser
posible, sin perder prestigio ni potencial. Y será un problema
en el futuro si, como es el caso del Racing, solo atiendes a las urgencias
para salir del paso. Como sucede con las cesiones de Garay, Zigic
y Pereira.
De cualquier manera, esa falta de previsión no tiene porqué
afectarle a quien esta invariablemente sobre el alambre. Ese sólo
debería ser uno de los motivos por los que el Racing tiene
que respaldar con firmeza a su entrenador y hacer caso omiso de las
críticas que recibe por el triste juego que ofrece el equipo.
Queda claro entonces que Muñiz está cumpliendo a la
perfección con la misión que le han encomendado, por
lo que si a alguien hay que quejarse no es a él. Creo que un
amplio sector de los medios y aficionados están siendo injustos
con el asturiano. Es cierto que el equipo no juega con brillantez,
pero cabe preguntarse si podría hacerlo y, sobre todo, hacerlo
manteniendo la solidez que, en estos momentos, es lo que le da los
puntos. ¿Quién entonces se atrevería ahí
abajo a poner en juego el futuro del club en primera o las expectativas
de jugar la UEFA, buscando un camino más creativo que podría
alterar el excelente ritmo que llevamos? Hay que tener presente que
los cambios no siempre son para mejorar. Así que Muñiz
no titubea. Ya lo decía Kant, que a buen seguro no sabía
de fútbol: "partiendo de la duda y a través de
la razón podemos encontrar la certidumbre", solo se le
olvidó decir de cuánto tiempo disponemos para hallarla,
porque Muñiz no tendría mucho.
Aquí en este mundo vale todo. Si escuchamos las atrevidas y
destructoras voces de algunos entendidos, pocos tienen dudas y casi
todos la razón, por lo que no hay incertidumbres. Para ellos.
Sin duda, el debate siempre es interesante. Todas las opiniones merecen
un momento de reflexión si están basadas en un análisis
sensato y coherente, alejado de los resentimientos e intereses partidistas.
Leía una entrevista hace unos días a un Premio Príncipe
de Asturias del periodismo que decía: "la capacidad de
hacer el mal que tiene un periodista es devastadora. El poder de un
periódico es injusto si esta en manos de deshonestos. En un
día o en una hora se puede deshacer una reputación".
Por eso, no es de extrañar que muchos entrenadores se hayan
dotado de habilidades sociales que complementan a la perfección
con las futbolísticas. Esa es la asignatura a la que yo no
asistí. Dar al periodista el pábulo justo no es fácil
para quien no tiene fondo. No queda más que encontrar el equilibrio
entre no caer en el servilismo y el peloteo y sostener tu dignidad,
ese es el procedimiento que se convierte en una gran virtud si quieres
resguardarte de las inclemencias y no te ayudan tus delanteros. También
es la suerte de los mediocres para poder hacerse viejo en los banquillos
o en cualquier lugar que supere tus conocimientos y tu valía.
Desde presidentes hasta futbolistas pasando por periodistas. Hay muchos
casos. Yo podría dar una larga lista en la que seguramente
ellos me incluirían.
Quique Setién