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Hay crisis que te pillan que se ven venir. Encontrar el momento exacto en el que te metiste en ella no importa mucho. Incluso saber la causa tampoco cambia nada. El problema es que una vez dentro todo se complica. El efecto final depende del grado de inconsciencia que hayas tenido. Y cuanto más contumaz en el error hayas sido más te costará salir. Eso si no te lleva por delante. El Racing hace tiempo que quedó atrapado en la necesidad. La situación económica no admite dispendios de ningún tipo. Menos afrontar ninguna reestructuración seria del equipo. El desconocimiento existente de la materia tampoco. Para sobrevivir ha sido necesario vender a los mejores jugadores. El rendimiento de las alternativas no ha mejorado a los que se fueron. Casi ni alcanza. Una realidad que se repite año tras año desde Marcelino. Por eso, el temor a un hipotético descenso no da tregua. Esa posibilidad se vislumbra como un auténtico cataclismo. La llamada de socorro para que un jeque o filántropo cualquiera inviertan unos millones de euros no es probable. Además, tampoco se prevén ayudas en forma de subvenciones. Las relaciones con el Gobierno ahora son odiosas, ya no se quieren. Recuerden que fue el Sr. Revilla el que donó el club a esta empresa. El mercado se ha paralizado y lo más destacado que se ve en el campo no da para mucho y en todo caso sería a costa de debilitar aun más los cimientos del equipo. Con esa perspectiva el futuro parece triste. Como triste ha sido la capacidad de respuesta para corregir la tendencia. Por mucho que el Presidente de la entidad repita una y otra vez que es el mejor equipo desde que llegó. Es la salida habitual. Pretende poner a salvo su gestión. Claro que si escuchamos al otro Presidente, el de la Comunidad, no se sabe muy bien a qué atenerse. Mientras uno defiende las excelencias de la plantilla, el otro dice que los jugadores se han comprado a peso. Así que los aficionados estamos confundidos. Supongo que hasta los propios jugadores se preguntan si realmente son buenos o no lo son. Revilla echa la culpa a la empresa por no invertir y hacerlo bien. La empresa se protege advirtiendo a los jugadores que tienen que cambiar la actitud, o sea, correr más, cometer menos errores repetitivos y ganar. Como si no lo supieran. Será difícil que ninguno de los dos se de golpes en el pecho. Y si no, lea esta conversación que me llegó el otro día en plan de broma. Un señor que va en coche se percata de que está perdido, para y pregunta a alguien en la calle: ¡Disculpe!, ¿podría usted ayudarme? He quedado a las 2:00 con un amigo, llevo media hora de retraso y no se dónde me encuentro. Claro que sí, le contesta, se encuentra usted en un coche, a unos 7 km. del centro de la ciudad, entre 40 y 42 grados de latitud norte y 58 y 60 de longitud oeste. Es usted ingeniero ¿verdad?, dice el del coche Escapar de la responsabilidad y hacerlo en público es propio de incompetentes. Ya debía el Sr, Revilla saber a quién cedió el Racing y el Sr. Pernía a quién contrataba. Esos son hechos concretos, lo que dicen no son más que palabras. No obstante, en los momentos difíciles el sentido común es un valor muy preciado. Su ausencia no hace más que complicar las cosas. Haciendo gala de una gran perspicacia para detectar el problema que se avecinaba, el Sr. Pernía visitó la semana pasada el vestuario del equipo. Preocupado por la delicada situación que ya se prolonga exigió a la plantilla un cambio de actitud y ganar partidos. El efecto de su intervención fue inmediato. Unos días después el equipo volvió a ganar. Incluso apeló a la recuperación de los lesionados como refuerzos para cambiar el ritmo. Y zas. Serrano apareció tras muchos meses de ausencia para marcar el gol de la victoria en Mallorca. Y es que igual yo estoy equivocado. Son ya 5 años los que el Sr. Pernía lleva alimentándose de conocimientos futbolísticos.
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