DESLEALTADES

El último descubrimiento del Instituto Karolinska sueco, ha aclarado el enigma sobre el origen de las infidelidades de Robinho. Al parecer, el brasileño, es poseedor de un gen que invita a las deslealtades y relega la culpabilidad a una cuestión meramente hereditaria. Se ignora si a éste pérfido gen se le une el de la promiscuidad. Suponemos que sí. Ya el pasado año solicitó al personal de un hotel en el que estaba concentrado con su selección 50 camisinhas que, supuestamente, se utilizaron después de ganar a Ecuador por cinco a cero. El director del estudio sostiene que dos de cada cinco hombres están afectados por el mal, aunque yo creo que son más. Así que la recurrencia con la que a Robinho se le activa el gen le convierte en un muchacho del que no te puedes fiar. Llegó al Real Madrid gracias a un motín que provocó en el Santos, equipo que le vio nacer. Ahora, tras llegar a un acuerdo con el Chelsea ficha por el Manchester City. Así que el chico es completo, va dejando amigos allá por donde va. Es cierto que el portazo que ha dado en la casa blanca tiene algunos atenuantes pero el mal, se ve, que nació con él.
Semejantes actitudes han puesto en guardia a los equipos de fútbol que suelen ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. Algunos ya estarán montando laboratorios de estudios genéticos y contratando a expertos que determinen si los jugadores pretendidos son portadores de ese elemento desestabilizador para, si es que existe, extirparlo una vez haya estampado la firma, porque ningún equipo va a renunciar a un fichaje de ensueño por una malformación tan común que ahora tiene remedio.
En estos asuntos de difícil solución tienen mucho que decir los intermediarios o agentes de jugadores. Son uno de esos grupúsculos que viven dentro del fútbol que obtiene ingresos espectaculares sin exponer ni un solo pelo de la cabeza, el que lo tenga. Aparecieron en masa a la vez que algunos dirigentes empezaron a entender que era mejor tratar con ellos que con los propios futbolistas o los clubes. Justamente cuando el mercado se convirtió en una selva y había muy poco control sobre el dinero. Pero a muchos futbolistas se les abrieron los ojos cuando se dieron cuenta que con ellos se ganaba mucho más dinero y además evitaban enfrentarse a negociaciones donde tenían las de perder. Se eludían fricciones con los clubes en las renovaciones y podías entrar en subastas con varios equipos a la vez sin moverte de tu casa. Todo por una pequeña comisión que siempre sería menos de lo que tú le hubieras sacado al club.
Pero hay muchos agentes sin escrúpulos. He conocido a algunos que han pillado porcentajes más que considerables de los dos clubes con los que gestiona la contratación y del propio jugador, del que por ley, es el único del que debería cobrar. Los contratos que suelen unir a jugadores y agentes estipulan la comisión de un diez por ciento del primer año sobre las cantidades que percibirás, aunque hayas firmado por cinco. Esto demuestra el interés de algunos porque sus representados cambien asiduamente de equipo. Cuando Ramón Calderón advierte que Robinho está muy mal asesorado, esta diciendo que, Wagner Ribeiro, su representante, se lo está llevando crudo. Pero estas situaciones las han provocado los propios clubes que, en el afán de conseguir al jugador, ofrecen bajo cuerda comisiones a los propios agentes para que convenzan a sus jugadores por ese club determinado. Casi siempre se hace sin el conocimiento de los propios interesados que, en muchos casos, lejos de firmar por el club más idóneo deportivamente, acaban en el que más comisión ha ofrecido a su asesor.
Estamos hablando en muchos casos de cantidades mareantes. Me gustaría saber el dinero que mueven los clubes en este sentido. Muchos acumulan números rojos en sus cuentas por el uso abusivo de estos intermediarios, cuando todas las gestiones tendrían que llevarlas los empleados de los propios clubes, que para eso les contratas y les pagas. La falta de profesionalidad en la gestión es una de las cuestiones que ha llevado a muchos clubes de fútbol a la UCI, cuando no a la muerte.
Veremos lo que tarda el alelo 334 de Robinho en excitarse de nuevo. Como buen brasileño, con esas patas de perro, como dice mi suegra, pronto saldrá corriendo. Aunque no será suya toda la culpa.

Quique Setién



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