7-11-2010 DESPEDIDAS

 

Ver escapar la vida en directo a través de las cámaras de televisión me deja para el arrastre. Los ya muertos no me impresionan tanto. Eso lo vemos cada día en las cabeceras de los telediarios. Es más, ni siquiera nos llaman la atención. Hemos perdido hasta el sentido de la proporción. No distinguimos entre unos cientos, miles o centenares de miles. La distancia con la tragedia aumenta la indiferencia. Pasamos sobre ellos con la misma frialdad con la que los vemos en las películas por muy salvajemente que hayan perecido. Pero supongo que nadie esta preparado para ver a un muchacho joven caer muerto sobre la hierba de un campo de fútbol cuando minutos antes corre por él como un cachorro repleto de vitalidad. Las imágenes de Miguel García desplomándose en el Helmántico, con los últimos precedentes que todos recordamos, fueron dramáticas y la incertidumbre posterior angustiosa. Desde entonces no hago más que tocarme el pecho.

Estos días escuchábamos en rueda de prensa al centrocampista del Salamanca agradecido de poder despedirse del fútbol y no de la vida. En iguales términos lo hacía también Rubén de la Red en Madrid acompañado por Valdano. Sin un diagnóstico claro después de dos años, someterse a la tensión y el esfuerzo de un partido de alta competición era inasumible. A partir de ahora canalizará su pasión por el fútbol en los banquillos, lo que no se si será muy recomendable. También hay casos de entrenadores que cayeron con las botas puestas. Sergio Sánchez, jugador del Sevilla, ha decidido arriesgarse. Se operó de la afección congénita que padecía y espera regresar en enero. Está entrenando muy ilusionado pero reconoce que las imágenes de Miguel le debilitaron el entusiasmo. No es para menos. En Noviembre de 2009, Antonio de Nigris jugador mexicano que pertenecía al AE Larisa de la Liga griega, fallecía mientras era trasladado al hospital al sentir unas molestias. De Nigris era un jugador con una extraordinaria capacidad física cuando le tuve conmigo en el Polideportivo Ejido, allí llegó del Villarreal. Paquito me dio los informes para ficharlo.

Los casos se suceden y por lo que dicen las estadísticas y los expertos no pararán. Se producen muchos más de los que salen en la prensa. Sólo de los más relevantes tenemos noticias. Parece demostrado que las causas no están relacionadas con la competición en sí mismas. Hay que ser propenso, no pasa sólo por la exigencia. Son los defectos que traemos de fábrica los que provocan el chispazo. Indetectables si no se hacen pruebas muy exhaustivas y que además son caras. Y ni con esas. Al menos, la muerte de Puerta y Jarque han salvado la vida de Miguel. Les debe la presencia de un desfibrilador cerca. Desde entonces son obligatorios. Pero no será suficiente. Para empezar, no estaría de más rebajar la carga emocional con la que se llega a los partidos. La lucha por la victoria ha llegado al extremo de desconectar la razón. Los más impulsivos están al límite. Cuando uno observa y ha experimentado de cerca esa tensión que se genera y lo que estas dispuesto a hacer por ganar, piensa que son pocas las lesiones que se producen. El corazón y la mente de un deportista de alto nivel esta sometido a un stress bestial. Es la explicación a comportamientos sorprendentes en deportistas que fuera de la actividad son ejemplares. Es la única forma de entender acciones como la de Zidane en el Mundial o Pepe cuando pisó con saña la espalda de un contrario.

El pasado miércoles en San Siro vimos al Real Madrid y al Milán entrar en una batalla campal. La grada estaba en ebullición. El árbitro podía haber echado del campo a unos cuantos jugadores. Las disputas por el balón eran incontroladas. Agresiones, patadas, codazos, no parecía un partido entre dos rivales que se respetan. Más bien diría que había mucho odio acumulado. Lo curioso es que ya están tan acostumbrados que los abrazos del final eran sinceros. Pero yo me pregunto cómo puedes dar la mano a un tipo como Gatusso que ha hecho tres intentos de robar el balón, lanzándose al suelo salvajemente con los pies por delante, sin importarle que haya una pierna al lado que puede partir. Es milagroso que las camillas se utilicen tan poco.

 



Quique Setién


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