UN
AÑO PARA DISFRUTAR
Si fuera
por el destino, el Racing ya lo tendría marcado si no hubiera
sido por la temporada pasada. Su presencia en Europa y la extraordinaria
campaña que nos ofreció, terminó con una deuda
de 93 años. Siempre hemos comenzado los cursos con una dosis
importante de escepticismo que nos otorgaba un papel menor. No era
novedad recurrir a las lamentaciones sobre uno u otro jugador o entrenador.
Era una realidad contagiosa que se propagaba por la grada muy típica
de nuestra forma de ser. Pero ese abatimiento por la fatalidad ha
quedado arrinconado en la memoria y salvo los más férreos
pesimistas, la afición esta más que satisfecha, diría
que feliz, con el equipo que va a encarar la nueva temporada. Lo demuestran
los 19.000 socios que llenarán el Sardinero.
Jamás consideré que el dinero fuera la fuente de los
éxitos. Se puede vivir muy dignamente sin él. Pasan
por los vestuarios muchos jugadores comprados a precio de oro que
luego no valen la silla donde se sientan. En el Racing hemos tenido
muchos ejemplos en los últimos años. El rendimiento
de verdad se demuestra sobre el césped y no en el número
de ceros que marcan sus contratos. Sudar la camiseta y relegar los
asuntos personales en beneficio del equipo, es lo que diferencia el
oro del oropel. Esto es lo que sucedió el año pasado
en el que el Racing cambió su destino.
Todos pedíamos desde hace tiempo un momento de gloria. Ahora
muchos no se conforman y quieren más. Creen que la salida de
Duscher será un drama porque desconocen al que ocupará
su lugar. Pero estas sensaciones son las mismas de siempre. No hay
más que recordar que el argentino llegó rebotado de
un equipo en horas bajas en el que no jugaba. Desde la grada se tiende
a enjuiciar antes de tiempo y, en función de los millones de
euros que ha costado. Este año de penurias beneficiarán
a los jugadores de la cantera, es algo inherente a la falta de dinero.
Los chavales y el club no van a encontrar mejor momento que el que
vivimos para que acumulen horas de vuelo. Por lo que se intuye, la
crisis se va a instalar en el Racing durante algún tiempo y,
serán ellos los que nos saquen adelante en el futuro. Así
que pediríamos al club y al entrenador valentía y, nosotros
ofreceremos paciencia.
Igual de importante que la plantilla es el entrenador. Muñiz
no es Marcelino y el equipo, por mucho que lo quiera hacer parecido,
tendrá un sello diferente. Del vestuario no hay que preocuparse.
La presencia de jugadores cántabros importantes y algunos como
Pinillos, le resolverán al jefe los conflictos que se produzcan
sin estridencias públicas, lo que minimizará cualquier
problema. Además serán el brazo que centre a los que
se distraen, sobretodo si las cosas no pintan como se espera. También
servirá de apoyo para los jóvenes más receptivos,
que verán cómo la constancia y la seriedad en el trabajo
se hacen indispensables durante los diez meses de competición.
La otra esperanza es que la relación entre jugadores y entrenador
alcance la sintonía adecuada. No es lo mismo ir a trabajar
a gusto con el jefe que a disgusto. Y aprovechando el optimismo con
el que me he levantado, que no haya lesiones importantes y que la
autoestima del equipo quede fortalecida después del cuarto
partido de liga. Y, además, como añadido, vamos a jugar
los jueves. Habrá que superar la eliminatoria previa y meterse
en la liguilla.
Pero en cualquier caso, este es un año para disfrutar. Para
los pobres de fe, el optimismo lo podemos alimentar viendo a nuestros
compañeros de viaje. Al Numancia, Sporting o Málaga
el camino se les hará muy largo. Betis, Valladolid y Recre
llevan un tiempo jugando a funanbulistas en lo alto de la carpa. Osasuna,
Almería, Athletic y quizá Getafe sufrirán más
que gozarán. Por arriba, el aliciente estará en el regreso
a la compostura del Barcelona. Veremos la lucha por el título
entre dos entrenadores que entendieron el fútbol como nadie,
Guardiola y Schuster, con el permiso del Sevilla y Villarreal, que
parecen estar muy fuertes. Y hoy empezamos.
Quique Setién