LOS DOS MOURINHOS

 

Un directivo del Real Madrid dijo al principio de temporada al contratar a Mourinho que habían fichado a Alejandro Magno para el banquillo. Ese peculiar trono, considerado como el más inestable del mundo, que en ocasiones debe hacer las veces de bunker, pasó a ser ocupado por un moderno triunfador sin escrúpulos. Rápidamente su autoridad se dejó sentir. Antes de aterrizar, lo primero fue acabar con los considerados irreductibles, los que al parecer ostentaban el poder de las tinieblas: Guti y Raúl. Sometió a los anárquicos intermitentes e inestables como Sergio Ramos, aunque en este caso no del todo, de vez en cuando se subleva. Los juicios públicos se sucedieron sobre Benzema y Pedro León. Las amenazas surtieron efecto en los indómitos hasta que doblegaron su voluntad en aras del bien común. Fueron convencidos. Las galeras eran peor opción. Así la tropa pronto quedó subyugada. Los mandos intermedios también plegaron velas poniéndose a rebufo. Aunque no todos. Porque el alma no se conquista. Pero así inició una nueva andadura que debería completarse recuperando la gloria perdida en los últimos años. Todo un reto que nadie mejor que él podría conseguir. Al menos es lo que piensan sus incondicionales. Y posiblemente es cierto. Para manejar cualquier grupo es necesario que se sepa quién de verdad maneja el bastón de mando. Algo que en el Real Madrid parecía no estar muy claro. Un error persistente en el que han estado cayendo los dirigentes del club desde hace muchos años.

La apuesta sin fronteras del Real Madrid por Mourinho es incuestionable. Se mantiene intacta incluso después del varapalo del Nou Camp. Los continuos incidentes con los rivales no le apaciguan más allá de un par de semanas ni menoscaban la amplitud de su jurisdicción, que es absoluta. Hasta el propio Presidente parece sometido. La frase no meditada que se escapó de la boca de Butragueño en la que reconocía que el general no había venido a hacer amigos tras una de sus trifulcas, parecía dejar coartada a cualquier proceder. La permanente reclamación pública de un delantero no hace más que colocar al club en una situación incómoda después de dejar claro que no se iba a fichar a nadie. Es de suponer que el tema se ha tratado en privado y que el asunto quedó claro, por lo que las interpelaciones en voz alta no se tendrían que haber producido. Si ya le habían dicho que si no era necesario decir nada y, si le dijeron que no, sus motivos tendrían, con lo que también estar callado era la mejor opción. Pero eso es imposible en él. De esa manera nada debería reprochársele si no queda campeón por la ausencia de un delantero. Esta meridianamente claro que Mourinho no es un trabajador normal de cualquier empresa. Él es autónomo. Le preocupa su prestigio, no el del club. Y eso solo lo mide el número de títulos que consigue. Creo que lo demás le importa bien poco.

Las intervenciones del portugués en las salas de prensa y las de su corte en el campo, han puesto a trabajar sin descanso a todo el cuerpo diplomático de la entidad. Valdano se ve obligado a manejar toda su elocuencia para no meter la pata cada vez que le preguntan por su entrenador y los charcos en los que se mete. He de reconocer que lo del hijo me llegó al alma. Solo ha faltado la fotografía en los periódicos confirmando el detalle.

Confieso que me resulta difícil separar a los dos Mourinhos. Daría el dedo meñique por conocerle en la intimidad del vestuario. El momento en que habla de fútbol con sus jugadores, porque escuchándoles como hablan de él sobre los conocimientos que posee debería ser más que suficiente.

 

 



Quique Setién


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