EL USO DEL FAIR PLAY 23-3-2008
No hace
muchos años, en Diciembre del 2000, el delantero del West Ham
Paolo di Canio recibió un centro cuando se encontraba solo
frente a la portería vacía del Everton. El estadio entero,
que ya celebraba el gol, se quedó mudo cuando el competitivo
jugador italiano, de carácter latino y capitán del Lazio
muchos años, cogió el balón con las manos para
que atendieran al portero que estaba en el suelo. Decidió no
aprovecharse de la situación. El resultado en ese momento era
de empate.
Cuatro décadas antes, John Charles, reciente fichaje del Juventus,
jugaba su primer derby en la ciudad. Este gran goleador galés
se ganó el reconocimiento eterno de toda la ciudad por el gol
que no marcó. En su galopada hacia la portería del Torino,
decidió lanzar el balón fuera al percatarse de que el
defensa del Torino, con el que había chocado involuntariamente,
estaba en el suelo. Solo le quedaba encarar al portero.
Este es un asunto que requiere una respuesta individual, igualmente
lícita si se decide en un sentido o en otro, pero que nos fotografía.
Casquero, al igual que en cientos de casos, optó por continuar
la jugada. Hizo buena aquella opinión maquiavélica de
que el fin justifica los medios. Tuvo la oportunidad de redimirse
ante la indignada afición racinguista, pero decidió
no hacerlo. Lo que pasó por su cabeza en ese momento de máxima
tensión, probablemente no lo sepa ni él, simplemente
vio la portería y disparó. Como Serrano: uno no se explica
que no escuchara a todo el estadio gritándole que no hiciera
falta en la jugada de la expulsión, pero la hizo y, todos nos
llevamos las manos a la cabeza. El jugador del Getafe quizá
no fue consciente de la lesión de Garay o, cabreado, decidió
responder así a los improperios que había escuchado
desde que se bajó del autobús, no lo sabemos.
Tampoco sabemos con certeza las causas por las que abandonó
gratis el Racing teniendo contrato en vigor. Quizá la culpa
no fuera del todo suya. Habría que preguntar al responsable
que autorizó la salida, pero es obvio, que no fue una buena
decisión, cualesquiera que fueran los motivos. No obstante,
hace tiempo que los futbolistas se olvidaron del color de la camiseta
y los clubes de los compromisos que firmaron. A partes iguales.
Lo cierto es que, para evitar estas situaciones, cada vez más
equipos se ponen de acuerdo antes de comenzar los partidos para no
interrumpir el juego, trasladando la papeleta al árbitro para
que decida según la gravedad que considere. La propia UEFA
recomienda que no se tire el balón fuera, manifestándose
en contra de ese falso uso de entender el fair play, utilizado interesadamente
por unos y otros.
A la enorme frustración le pusimos nombre y apellidos. Quizá
exageradamente. Pero queda claro que a Paolo di Canio, John Charles
y Casquero no les mueven los mismos resortes. A éste extraordinario
jugador ya sabe lo que le espera cada vez que aparezca por el Sardinero.
Así es el fútbol.
EL USO DEL FAIR PLAY
LA EFICACIA:
El partido fue un calco de lo que había previsto Marcelino.
La clave estará en el porcentaje de acierto ante la portería
contraria. Y así fue. Solo llegó a un diez por ciento.
Con lo que no contó fue con la vehemencia y poca lucidez de
Oscar Serrano. Esos quince minutos, con el Getafe agonizando, se hubieran
vivido dentro del área de Ustari, con todo el campo empujando
en busca de ese gol que se resistía. El efecto de la expulsión
fue demoledor. Al Getafe le inyectaron directamente en el corazón
una super dosis de adrenalina. Lo que paso después, solo sirvió
para olvidar lo que había pasado antes. El partido se descontroló
y se perdieron todas las opciones.
Mientras regresábamos a casa apesadumbrados, íbamos
repasando las jugadas falladas. A los jugadores, más que a
nosotros, algunas se les quedarán grabadas de por vida, como,
también, la demostración de la afición que les
premiaba el esfuerzo con devoción por encima del resultado.
Los más optimistas se ven el año que viene de vuelta.
Guardan esa esperanza humilde que es toda la fortuna de nuestro corazón,
así dice Gardel y el deporte. Los que no estén, siempre
recordarán que tuvieron en su pie la oportunidad de hacer un
regate al destino de 95 años de historia.
Quique
Setién
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