15-2-2009 FÓRMULA CASERA

Me alegro de que se estén poniendo de moda los entrenadores caseros. Esta bien que los clubes miren hacia adentro. Esto suele suceder cuando no se ve más que un oscuro túnel o que la guita escasea peligrosamente. El caso es que la irrupción de Guardiola en el Barcelona ha abierto una puerta por la que se han colado unos cuantos entrenadores más. Alentados por los resultados del inexperto catalán algunos clubes han probado la misma fórmula. El último ha sido Abel Resino, que ya estaba trabajando en Castellón. Unas semanas atrás el Español optó por Pochetino, hasta hace bien poco antiguo alumno, convertido ahora en profesor. Quedan los de Sevilla, Jiménez y Chaparro, identificados con su club desde hace milenios, sobretodo el bético. En Segunda hay varios casos, uno es el de José Miguel Campos, que no les sonará de nada pero sustituyó en el Murcia a un coleccionista de despidos como Clemente con muy buenos resultados, ganó cinco partidos seguidos y ésta saliendo del pozo. Estaba en el equipo filial desde hacía tres años.
Ganarse las habichuelas en casa no es tarea sencilla. Los que mandan, si te ven, te suelen mirar con poca ambición, casi como si fueras parte del mobiliario. Cuando aterrizan, en su ideario no está pasearse con un utilitario de andar por casa cuando creen estar capacitados para llevar un Ferrari por el mejor circuito. A pesar de entrar en un mundo desconocido, la velocidad y el trazado ni les asusta ni les importa, ni siquiera las consecuencias. Y los sentimientos e intereses de sus aficionados generalmente tampoco, aunque luego acaben diciéndoles que ellos no meten los goles. Y, es cierto, pero son olvidadizos. Prometen y gestionan desde el desconocimiento. Casi siempre son más decisivos los delirios de grandeza inmediatos que la seguridad del paciente sentido común. Quieren ganar en la primera carrera y para ello utilizan mucho más que los recursos de los que disponen. Me viene al recuerdo el gol que le faltó a la Gimnástica de Torrelavega para ascender a Segunda División hace unos años. Aún quedan jugadores sin cobrar. Desde entonces no puede soltarse la soga que le aprieta el gaznate y amenaza con llevarle al abismo.
Los ejemplos se multiplican como los chinos. Cada semana aparece un equipo que no cumple sus compromisos. La imaginación de los futbolistas, que tendría que aparecer en el campo, la usan para encontrar maneras con las que asegurar el condumio diario y el pago del alquiler. Son tantos los calendarios de desnudos que ya han dejado de pitar. Las sentadas, los lemas en las camisetas, la rodilla plegada y la súplica nada pueden con el despropósito que existe en la Segunda División B. Algunos dejaron de pagar el primer mes. Cientos de jugadores están regresando al equipo del pueblo con promesas incumplidas debajo del brazo con las que tienen que pagar la hipoteca.
La pasado semana se presentaron en el Congreso de los Diputados las deudas del fútbol español al erario público. Los 627 millones de euros que se deben al Estado son sólo una parte de los 3.000 (2.000 según la LNPF) que acumulan los clubes por todos los conceptos según un estudio publicado en este mismo periódico en la edición nacional del lunes día 9. La lista de morosos es escalofriante. Al Racing se le señalaba como el séptimo club más endeudado con 127,5 millones. Sorprendente, ya que estas cifras no coinciden con los datos que el club indicó en la Asamblea de Diciembre, en la que reflejó únicamente 4 millones en rojo. Mis habilidades para las matemáticas son muy pobres pero diría que alguien está equivocado o falta a la verdad.
Para los clubes que vayan sobreviviendo, esta situación, más pronto que tarde, les obligará a recortar tajantemente sus presupuestos. Los que estén lastrados por contratos altos y extensos lo pasarán peor. Mientras el Gobierno termina de modificar la Ley Concursal, que ahora se utiliza como argucia para eludir los descensos por impago (ya esta en fase de estudio), algunos clubes podrán mantenerse operativos con grandes dificultades aunque dejarán muchos difuntos por el camino.
Es una buena idea empezar invirtiendo en la remodelación de La Albericia, es más que probable que pronto haya que empezar a tirar de ella a destajo. No obstante, y por diferentes motivos, me preocupan más las personas que trabajan allí que las tapias que se caen o las vallas que se oxidan, que también.




Quique Setién


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