1-3-2009
LA CULTURA DE LO METÓDICO
Reflejo
después de ver el Real Madrid Liverpool. Me resisto a dejar
morir mis creencias como le esta pasando a una gran parte de los dúctiles
aficionados que están siendo engañados por el resultado.
Desde la grada la complacencia cada vez es mayor con el militarismo.
En el campo, correr se ha convertido en un falaz realismo alimentado
por los que creen que pensar ya no es imprescindible, porque ni lo
promocionan ni lo buscan y, lógicamente así, no lo encuentran.
Algunos ya ni lo quieren. Prefieren la constancia y el tesón
de un todo terreno al que no le afecte el frío ni el calor.
La parte de este deporte que corresponde al juego ahora es aritmética.
Lo triste de este diagnostico triste es que poco podemos hacer por
cambiarlo. Los que pueden corregir la tendencia están mal pagados,
olvidados y dudo, en muchos casos, que sean capaces de ver con un
poco de profundidad. La cultura de lo metódico se ha instalado
en los cimientos en detrimento de la imaginación y la fantasía.
Las necesidades de los mayores provocan en la cadena de montaje obligaciones
concretas. De esta manera el ingenio lucha por no extinguirse.
Hace un par de semanas presencie un rato de partido en el que los
alevines del Racing se enfrentaban a los del Marina. En esas edades
en las que se supone que uno juega al fútbol como lo siente
y que aún no se está del todo intoxicado por las tácticas
ni por las ordenes que limitan el talento creativo, me llamó
la atención lo correctamente ordenados que estaban los jugadores
de Racing sobre el campo. El entrenador seguro que esta orgulloso
de lograr que niños tan pequeños desarrollen tan bien
los movimientos tal cual él los interpreta. Conseguir esto
es una labor ardua y difícil que necesita de un gran esfuerzo
por su parte y por la de los niños que, en esa etapa, experimentan
obligados una permanente modificación de su comprensión
del juego. Es por eso que la influencia que reciben les puede llevar
a un conflicto entre su manera de ver el fútbol y la de sus
entrenadores. Todos sabemos que a esas edades son esponjas y que la
obediencia es ciega. Y lo que es bueno para unos puede no serlo para
otros. Esto es lo que hay que discernir y no todo el mundo vale para
ello. Por eso, cualquier niño que caiga en manos de un entrenador
que sólo entienda de teoría y práctica corre
el riesgo de que ese talento natural, demostrado con libertad y que
le ha llevado donde esta, se vaya perdiendo progresivamente por el
camino, hasta incluso llegar a desaparecer. Y no es el caso de los
que agradecen, como único recurso, que el entrenador les marque
bien las pautas sobre lo que tienen que hacer. Ese es otro tipo de
futbolistas del que no estamos hablando.
El reflejo de este proceso lo presencié el domingo pasado entre
el Racing B y el Celta. He visto muchos de los partidos que el equipo
filial ha jugado en casa este año y mantengo una seria duda
sobre cuáles son los objetivos reales por los que se trabaja.
Entiendo que el resultado es importante pero no debería ser
prioritario. Todos los entrenadores de las secciones inferiores deberían
tener meridianamente claro que su responsabilidad esta en mejorar
a los jugadores durante el tiempo que estén con ellos, potenciar
sus cualidades, corregir sus defectos y ampliar su repertorio. Es
un patrimonio de valor incalculable el que el club pone a su disposición
para que lo preserve y lo haga prosperar. Este es su reto, no la clasificación.
Trabajar a un equipo tácticamente para que sea sólido
y ordenado esta muy bien pero son los aspectos individuales los que
llevarán a los jugadores a superarse a sí mismos. Potenciar
la creatividad y dejar cierta libertad a los que quieran expresarla
no debería estar penado. Si ya desde alevines les encorsetamos
difícilmente aprenderán a resolver problemas y menos
a marcar diferencias como hacían en el barrio.
Es cierto que todos los futbolistas son susceptibles de alcanzar el
primer equipo ya que dependen del criterio de los ojos de los que
deciden. Pero esta tierra posee unos genes que siempre marcaron diferencias.
Siguen ahí, solo hay que detectarlos y cuidarlos, algún
día disfrutaremos con ellos.
Quique Setién