SABER CERRAR LOS OJOS
Desde
hace tiempo intento huir de la basura que contamina el fútbol,
pero no puedo. A pesar de que el radio de acción en el que
me muevo es limitado, no evito que el olor y la podredumbre me intoxiquen.
Abres el periódico, escuchas las ondas, enciendes la televisión
y son pocas las ocasiones que recoges algo que merezca la pena. Cuántas
veces me he dicho a mi mismo que debería ser como los demás
y cerrar los ojos ante las ignominias que lees, escuchas y ves. Que
el mundo que conozco de verdad esta en manos de mediocres atrevidos
parece importarle sólo a unos pocos. Quizá a muchos,
pero no se les oye. Prefieren permanecer en cualquier lugar sin gozar
de privilegios pero, también, sin otorgar prebendas en las
que se incluye una cuota de desprecio por ti mismo. Se quedan aislados
del mal, intentan que no les toque, justo en medio de la nada.
Hubo épocas en que los enemigos y los incapaces tenían
nombre y apellidos. Ahora es un tanto difuso saber contra qué
o quién te enfrentas. Detrás de la mejor sonrisa puede
estar la causa de tus males. En aquellos tiempos, la hoguera acababa
con los combatientes de los atropellos, ahora, es el deterioro del
sistema el que apaga cualquier iniciativa que vaya encaminada a esclarecer
la verdad. No hay más que ver el acuerdo de los dos partidos
mayoritarios en el nombramiento del nuevo Consejo del Poder Judicial.
Los vigilantes de que haya justicia en éste país están
sometidos por los que les acaban de nombrar y, al parecer, no hay
ninguno independiente. Con esa perspectiva descubres la inutilidad
de rebelarte.
Cada vez más, la clave del éxito esta en poseer la habilidad
necesaria para saber mantenerse al margen. No molestar con preguntas
o comentarios y callar en las encrucijadas. Darse la vuelta y seguir
por el camino que te marcan. Tampoco es conveniente demostrar la más
ligera turbación y procurar que la sonrisa y el abrazo, junto
con el apretón de manos, sean lo suficientemente verídicos
como para no sembrar dudas. Ayuda cualquier comentario positivo sobre
la actividad y gestión de los abrazados, que débiles
ante los halagos, suelen reblandecer su postura y confiarse. ¿Quién
no se ha impregnado alguna vez de ese servilismo en aras de un futuro
mejor?
Yo, el primero. Recuerdo a un Presidente que solía decirme
que mi capacidad era limitada o quizá nula. Que, mientras él
estaba en la universidad yo daba patadas a un balón y que,
por tanto, era mucho más fácil que me equivocara yo
que él. La conversación siempre se mantenía por
unos cauces serenos aunque un tanto jocosos por mi parte. Él,
hablaba desde la experiencia que le daban los años y su enorme
cultura y preparación. Mi respuesta siempre era la misma: Presidente
tiene razón, jamás me podré comparar a nadie
como usted en nada, excepto en los conocimientos sobre el fútbol.
En ese campo, quizá debería hacerme un poco de caso,
salvo que decida hacer lo que crea más conveniente, que para
eso es el Presidente del Racing. Eso último se lo decía
desde el más absoluto respeto.
Afortunadamente para mi salud, la mayoría de las veces me hizo
caso. En otras, los intereses del club, como decía, estaban
por encima. Las desavenencias surgían con las cuestiones atenientes
a las responsabilidades y la línea a seguir. Tras dos resultados
malos era imposible que pensara con tranquilidad a pesar de su enorme
capacidad. Habitualmente aparecía cada día con una batería
de propuestas, de asesores externos, que tardaba una mañana
en desmontarle y devolverle a los cauces que estaban establecidos
y por él aprobados.
Lo más importante es decidirse por una idea sobre lo que quieres
y mantenerla el mayor tiempo posible hasta que se demuestre que no
es la idónea. Si se va a cambiar algo, hay que asegurarse de
que es para mejorar. Los experimentos no todos salen bien.
Lo último que me faltaba por ver en el Racing me lo ha mostrado
nuestro querido Presidente Regional. A su ya dilatada polimatía,
ha añadido la de negociador de jugadores. En fin, creí
que era la asesoría externa del Racing la que se dedicaba a
esos menesteres. Aunque, quizá, el Sr. Revilla este incluida
en ella.
Quique Setién
quiquesetien@hotmail.com