5-12-2010 NI EL DINERO, NI MOURINHO, NI CRISTIANO

 

Otra vez el fútbol creativo sale airoso de una difícil prueba de supervivencia. Ha vuelto a ser el Barcelona el que le ha salvado. La anterior fue España en el Mundial. Lo hizo contra un equipo desconocido que nadie le recordará. Son legión los que quieren acabar con él. Algunos militaristas con dinero tratan de convencernos que no hay materia prima para más. Defienden esa falacia porque no encuentran otra manera de ocultar sus limitaciones y falta de valentía. Viven confundidos creyendo que ellos pueden compensar la ausencia de talento. Que la táctica por sí misma te hará ganar para convertirte en un entrenador de postín. Nada más lejos. Eso se aprende en los cursos. Lo peor es que incluso los que más pueden malgastan tiempo y recursos en potenciar la mediocridad. No se desgastan en invertir en talento e inspiración. Mandar correr es fácil si se tiene autoridad. Lo difícil es obligar a pensar. Debería ser forzoso promover la creatividad en el fútbol y en cualquier otra faceta de la vida. Solo respeto a los parias que no tienen tiempo y viven pendientes del resultado del próximo domingo.

El lunes pasado se dieron cita en el Nou Camp los dos equipos más en forma del planeta, posiblemente de todo el universo. La impecable trayectoria de ambos convirtió el partido en un acontecimiento extraordinario repleto de connotaciones. Las apuestas nunca estuvieron tan igualadas. Dos estilos antagonistas rivalizando ante 400 millones de espectadores. Dos entrenadores tan distantes en sus formas como el juego de sus equipos. Los mejores jugadores del mundo repartidos en ambos bandos. Los máximos goleadores, Cristiano y Messi, uno pendiente de marcarle al Barcelona y el otro a Mourinho. Todo en manos de un caprichoso balón que no siempre gira hacia el lado que mejor le trata. Pero no en esta ocasión, el lunes en el Nou Camp repartió justicia.

A los 4 minutos Messi calló a todo el campo. Casi sin ángulo, rodeado de rivales y parado golpeó el balón. En su vuelo hizo una parábola increíble que le llevó a la escuadra contraria por encima de Casillas. La impotencia que mostró el portero para atajar ese balón pronto se extendió al resto de compañeros. Messi no lo introdujo en la portería, pero la jugada fue una premonición de lo que aconteció después. Ni los más entusiastas se imaginaron nada igual. La superioridad fue tan enorme que hasta el marcador se quedó corto.

Del Real Madrid que todos esperábamos no se supo nada. De su entrenador tampoco. Y menos del entramado táctico que iba a poner en aprietos serios el juego trenzado del Barcelona. Si su éxito pasaba por hacer de Di María un buen lateral izquierdo, como en su día lo hizo con Etoo en el Inter, ya sabe que habrá que buscar otras alternativas. En fin, toda la verborrea propagandística previa malgastada y denostada. La superioridad del Barcelona no solo quedó reflejada en el marcador, también en el trato al balón, en la posesión, en la presión y, sobretodo, en los jugadores. El equipo de Guardiola le ganó al del gran Mourinho en todo. Una lección que el portugués no debería olvidar a partir de ahora. Porque nadie gana los partidos en la pizarra. Y no está demás saber que su capacidad, que no la pongo en duda, llega hasta el límite de la de sus jugadores. No hay más.

La irrupción del entrenador del Real Madrid en la Liga española estaba destinada a frenar la supremacía del Barcelona. No lo va a conseguir. A tenor de lo visto no parece que el dinero sea la solución. Y el tiempo creo que tampoco. El Real Madrid siempre ha tenido prisa y Mourinho más. Dudo que ni el club ni él mismo aguanten mucho tiempo ser los segundos. Quizá pueda ganarle algún partido, pero el trabajo de tantos años bien hecho no lo va a vencer el dinero, ni Mourinho, ni Cristiano, ni nadie. Queda mucha Liga, la vuelta en el Bernabeu, la Copa y la Champions. Veremos si entonces abdica de sus principios como lo hizo ante el Barça. Nunca antes había sido tan atrevido alineando a tantos delanteros. Un tipo como Benzema le tiene que estar provocando una úlcera, tiene menos sangre que un nabo, no encaja en nada con él. La entrada de Lass en el descanso con dos a cero reflejó lo que le hubiera gustado hacer desde el principio. Pero el Real Madrid no es el Inter. Jamás sus aficionados entenderían que se puede ganar un partido renunciando al balón. Algún día ese asunto saldrá a la luz. Será inevitable.

 

 



Quique Setién


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