SANTIAGO
GUTIERREZ CALLE 25-5-2008
Casi
doscientos jugadores pasan por las Secciones Inferiores del Racing
cada año con la intención de superar un escalón
más hacia la cumbre que supone el primer equipo. La ascensión
es cada vez más dura hasta llegar a convertirse en una pirámide
que se va estrechando con cada promoción. Es como un embudo,
entran muchos y salen muy pocos, siempre que no se atasque, que suele
pasar. Algunos inician el recorrido desde la base y otros se suben
a mitad de camino. Nada ni nadie garantiza llegar a la cúspide
salvo tus cualidades y la percepción de quien decide. Apoyado
por los datos y el informe del entrenador, el coordinador comunica
al niño si su progresión le permite continuar o tendrá
que dejar el espacio a otro que viene con más fuerza. No se
pueden imaginar lo difícil y duro que es enfrentarse a esa
situación. Santi lo ha estado haciendo durante años
hasta hace bien poco.
Cuando en Marzo del 77 llegué al Racing juvenil, para jugar
aquella fase inolvidable del Campeonato de España, Santi era
el segundo entrenador de aquel equipo y llevaba 8 años jugando
cada domingo en el Sardinero junto a míticos como Portu, Chinchón,
Espildora etc. Mientras daba sus últimos coletazos como profesional,
por las tardes, junto a Ezquerra y mi tío Luis de colaboradores,
pusieron en funcionamiento las Secciones Inferiores del Racing. Desde
entonces, y salvo un periodo de cuatro años en los que Emilio
Bolado prescindió de él, han pasado tres décadas
y miles de promesas por La Albericia.
Santi
es un hombre aparentemente serio, es sencillo, introvertido, humilde
y trabajador. Jamás ha reclamado reconocimiento ni pedido nada.
Solo una vez le escuché reivindicarse ante las altas instancias,
precisamente el día que me pusieron por encima de él,
sin tener ninguna experiencia, normal. Los problemas siempre se los
ha llevado a casa. Por eso su corazón le avisó varias
veces. Al abandono permanente, al que ha sometido y somete el propio
Club a su cantera, Santi ha padecido la incomprensión de decenas
de padres incapaces de aceptar un destino diferente para sus hijos,
que no fuera llegar al Racing. Aceptó discretamente las críticas
e impertinencias de otros clubes que nunca admitieron de buen grado
la pérdida de sus mejores jugadores. Llegó a ser transparente
para muchos Presidentes que siempre prefirieron viajar a cualquier
parte del mundo que ir a La Albericia a hablar con él. Ha tenido
que convivir, en la intimidad de sus pensamientos, con las lágrimas
de muchos niños frustrados a los que tuvo que decirles que
no. Seguro que en estas fechas agradecerá no tener que pasar
por ello.
Los primeros focos que alumbraron los entrenamientos nocturnos en
las instalaciones los puso él con sus desinteresados ayudantes
y una escalera. Habilitaron también uno de los huecos para
convertirlo en un bar. Con esos pequeños ingresos pagaban a
los árbitros, algunos pares de botas, los autobuses para acudir
a los torneos o cualquier dispendio que pudiera aparecer. Pero no
daba para mucho. Como siempre, la caja principal, no atendía
a todas las necesidades de La Albericia, por eso, entre los asiduos
de muchos años, él el primero, siempre supieron que
las instalaciones quedaban demasiado lejos del Sardinero. El dinero,
cuando lo había, era para atender necesidades más urgentes.
Cuando el domingo pasado, Iván Bolado nos metía en Europa
con su gol, cuando Moratón, hace unos pocos años, consiguió
el suyo que nos llevó a Primera y cuando el Atlético
y Real Madrid pagaron 3.000 millones de las antiguas pesetas por Colsa
y Munitis, pocos repararon en el trabajo que se realizó para
que eso sucediera. Por supuesto que ha habido errores y que podemos
no estar de acuerdo con todo, pero una cosa es hablar y otra actuar.
Yo no estuve mucho tiempo, pero fue el suficiente para comprobar,
la enorme dificultad de llevar a cabo una labor basada en convicciones
forjadas durante muchos años, realizadas con enorme entusiasmo,
dedicación y responsabilidad. Y desgraciadamente, muchas veces,
pagadas con la ingratitud y el olvido.
La cantera siempre ha empezado en los clubes por el entrenador del
primer equipo. Me río de esa gente que ha dicho durante años
que en la cantera del Racing no se hacen bien las cosas. El desconocimiento
es la madre del atrevimiento. Jamás se ha sacado tanto de tan
poco. El interés del club por los jóvenes se ve de verdad
dándose una vuelta por las ruinosas instalaciones. Es curioso
como se apuntan al carro del éxito inmediato aquellos que de
verdad pueden cambiar y mejorar las cosas.
Cuanto mejor van las cosas por el Sardinero más lejos queda
el barrio pobre. Ahora los responsables han cambiado y Santi va en
busca de un merecido descanso. Pronto le acompañará
su amigo Antonio. Juntos han logrado más goles para el Racing
de los que ningún jugador conseguirá jamás. Sería
conveniente no olvidarlo. Es más que probable que el Racing
los vuelva a necesitar pronto.
Quique
Setién
Recuerda
introducir tu e-mail si quieres que te conteste, escribe a:
quiquesetien@hotmail.com