EL ÉXITO Y LAS SENSACIONES

El Real Madrid repite éxito y sensaciones en una Liga devaluada por la falta de competencia, demostrada notoriamente por la desaparición del Valencia, Sevilla y Barcelona en la lucha por el título. Lo que Capello logró en el último suspiro el pasado año con un empeño ejemplar, Schuster lo ha conseguido en este con una meritoria ventaja. Dos conceptos diferentes para un mismo fin, pero poco diferenciados en lo esencial. El comportamiento del equipo con ambos entrenadores ha sido tan desconcertante como indigno, hasta el punto de desmoralizar a la grada en numerosas ocasiones. El discurso del italiano siempre quedó claro, no engañó a nadie, el del alemán, simplemente no cumplió con las expectativas. No por culpa suya. Lo intentó pero no pudo por una mezcla mal distribuida de jugadores. Sin embargo, si nos limitamos a los datos, la progresión es sobresaliente. Exactamente proporcional a la involución de su eterno rival que se encuentra a un suspiro del caos.

Con la salida y llegada masiva de jugadores en Julio y Agosto, el Club pretendió dar un giro radical a los fundamentos conservadores de Capello. Se necesitaba una propuesta más ambiciosa acorde con la excelencia del club. Pero los cambios no mejoraron la imagen del equipo, salvo acabar con el atentado futbolístico que suponía ver a Emerson en el lugar de Guti. Ese persistente empecinamiento de Capello me produjo una úlcera sangrante. No era capaz de entender, que por el lugar donde más veces pasa el balón, situara juntos a los dos futbolistas peor dotados para la creación. Por fortuna para el fútbol, con Schuster, Guti volvió con la madura intención de no irse de nuevo. Junto a él, el talento se ha concentrado en otros tres jugadores, Raúl, Casillas y Van Nistelrooy. Ellos tres se llevan solos, no necesitan de la inteligencia o ignorancia de los entrenadores. Siempre han estado ahí y siempre estarán, como el socio de 50 años, hasta que se muera. En el envoltorio que les cubre no se lee bien la fecha de caducidad.
Schuster fue esclavo de sus intenciones y Capello se mostró cómodo con las suyas. Todo lo contrario que al alemán, al italiano no le importaba ganar jugando mal. Lleva toda la vida igual. Schuster no. En sus últimas experiencias ya demostró que sus equipos aprenden a jugar bien. Pero lo que a Capello le resulta fácil a Schuster se le ha complicado. Y es que domesticar a un equipo como el Madrid, con esa sempiterna desgana que suele afectar a ciertos jugadores que ignoran el juego colectivo, seguramente le ha producido otra úlcera como la mía.


El cóctel ha unido a buenos jugadores inconsistentes y faltos de disciplina, con otros, con dificultades para entender la esencia del fútbol. Esta mezcla acaba siendo como jugar una partida de ajedrez once para once, sin hablar y realizando un movimiento cada uno.Me gustan los entrenadores que no se quejan de lo que tienen. Lo que les dan les sirve y son capaces de ofrecer buenos resultados. Luego, una cosa es escalar el Everest y otra el Aneto, lo ideal sería que todos se pusieran de acuerdo en esto, hasta la prensa. La construcción de un equipo lleva tiempo, incluso acertando en las contrataciones. Ser alguien en Europa no se logra solo de boquilla. En una Liga más competitiva que la actual el Real Madrid lo hubiera pasado peor. Pero las victorias, que todo lo curan, le han llevado a ser el menos malo de todos los buenos. Y esto, que parece fácil, tiene un gran mérito.

Quique Setién

 

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