EL VESTUARIO 17-2-2007


Se ha convertido en algo demasiado habitual chantajear a los clubes. De nada valen los contratos firmados ni los compromisos adquiridos. Los futbolistas importantes, bien asesorados, han detectado rápidamente los puntos débiles de las directivas y se aprovechan descaradamente. La salvaje e incontrolada competencia por conseguir a la figura mediática de turno que existe entre los propios clubes les obliga a bajarse los pantalones y a conceder prebendas de todo tipo antes de que el jugador se deprima y diga que se quiere marchar porque esta triste. La volátil afición se debate entre el amor por las tardes de gloria ofrecidas y el resentimiento porque cada vez éstas acaban siendo más esporádicas. Pero basta cualquier ligera aparición de lo que fue para olvidar las ausencias y esperanzados aplauden cualquier conato de resurgimiento en la creencia de que todo será como al principio. Así va pasando el tiempo y a medida que pasan los años te das cuenta mientras haces números lo que ha supuesto para el club y para el equipo. La realidad es que has acabado pagando el doble por la mitad de rendimiento. Y a esto hay que añadir los desajustes que se han producido en el vestuario.

El vestuario es algo más que un cuarto donde uno se cambia y se ducha. Es la universidad de la vida para muchos de los que llegan por primera vez. Te fijas en el que tienes al lado como se ata las botas, como llega, su actitud, el pie que calza, la prisa que tiene por marcharse, los comentarios que hace de otro, del entrenador, del periodista, si es un incomprendido, si le duele algo, si durmió bien anoche y con quien. Hay quien es introvertido, estridente, insoportable, cauto, reservado, simpático, hay de todo. Eso todos los días, así que no pasa mucho tiempo antes de que todos se conozcan mejor de lo que conoces a tu propio hermano. Entonces llega lo verdaderamente importante y lo que nos hace congeniar con unos o con otros y no es más que la correspondencia entre lo que uno ha dicho y luego hace. Esto es la sensatez y honradez. Allí dentro da igual que te llames Ronaldinho, Beckham, Etoo o Pepito Pérez, o lo que ganes, todos son iguales y todos necesarios. Ahí uno se gana el respeto por ser consecuente y no porque hable más alto, sea más o menos simpático o mejor o peor jugador. Y cómo gestionar eso correctamente durante el mayor tiempo posible como ha pasado en Barcelona recientemente sin que acabe estallando. Pues no es nada fácil. Todo esta ligado a un equilibrio de poderes muy difíciles de sostener. En estas cuestiones siempre voy por elevación. El Presidente es el máximo responsable de mantener y gestionar ese equilibrio para que no se rompa pero normalmente es el primero en romperlo. Volvemos al principio del artículo. Jamás un club debería someterse al chantaje de un jugador que pide un aumento de sueldo.
Entusiasmado por el último gol del crak que puso a todo el estadio en pie le abraza, le invita a cenar, o habla en público sobre él olvidándose de que precisamente le había firmado y pagado un montón de dinero para eso. Primero el Presidente no está para hablar de fútbol ni de los futbolistas en las cuestiones que competen a los técnicos. Él deberá decidir cuando ya no quede más remedio y siempre en la más estricta confidencialidad.
En el Barcelona se ha pasado por varias fases. Al Sr. Laporta, como ocurre ahora con el Sr Calderón, podías verle en diferentes cadenas de Televisión y escucharle en varias emisoras de radio a la vez hablando de fútbol. Hasta que alguien debió decirle que ese no era el camino y casi le hizo caso del todo. Supongo que así pasará con Calderón. La vanidad es muy difícil de contener. Ellos no metieron goles ni dieron ningún buen pase ante 70.000 aficionados. No se dan cuenta de verdad lo que supone ser Presidente de un club hasta que sales en la primera página del Marca. Entonces adquieres otra dimensión. He conocido personas extraordinarias, empresarios de prestigio, gente culta y preparada convertidos en Directivos que se han echado a perder en cuatro días. Es tal el grado de distorsión que se sufre que te quedas pasmado. Pero esto no pasa en todos los sitios, salvo Abramovich, Presidente del Chelsea, no conozco a ninguno más en Inglaterra. Esto es curioso. En la final de la última Champions el palco del Barcelona parecía el área de penalti justo en el momento de sacar un corner, había codazos, empujones, agarrones. Todos los políticos de Barcelona entusiasmados por salir en la foto. Me imagino lo que tuvo que ser para el que decidió el lugar de cada uno. Aún no se ha recuperado.
Termino preocupado y triste por el declive futbolístico del Barcelona. Reconozco que estos últimos años me ha cautivado. Ha sido el modelo a seguir en muchos sentidos, pero desde el comienzo de temporada y parte de la anterior ya no es lo mismo. Les daré mi opinión pero adelanto que para que todo siga igual que antes es necesario que muchas cosas cambien y desde luego no son los futbolistas sino el criterio que se sigue con ellos. A nadie se le debe de dar más de lo que se merece. Y esto siempre va por elevación.

Quique Setién

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